El Prado Negro  Rollo 01 · en desarrollo
El Prado Negro

Rollo 01 · Sin exponer
Venezuela

El Prado Negro

Donde la tierra se seca, la fe se va… pero el alma aún busca florecer.

Largometraje · Drama poético Escrito por Federico Rodríguez Márquez Dirección F. Rodríguez Márquez · A. Pietri

La fe frente
a la aridez

El Prado Negro es un drama poético que explora la relación entre el hombre y lo divino a través de una experiencia desagradable y trágica: el hambre, la enfermedad y la muerte en la llanura venezolana.

El paisaje funciona como espejo espiritual. La sequía del llano es la sequía del alma. Una familia — Rubén, María, Johan — habita un mundo que se desintegra en silencio, sostenida apenas por la fe y la rutina de lo sagrado.

La película plantea que la fe como artefacto guía de la salvación puede no siempre funcionar como las personas lo creen. Y que a pesar de ello, existe una forma de inevitabilidad en torno a caer en ella. Una tragedia sin villanos. Un dolor sin redención garantizada.

Fotografía

Hay películas que no cuentan historias sino que habitan el tiempo. El Prado Negro pertenece a esa tradición del cine que entiende la imagen no como instrumento narrativo sino como materia viva, como la posibilidad de capturar la textura de la existencia antes de que el lenguaje la domestique. Sus raíces crecen de tres suelos distintos que, vistos juntos, revelan una sola pregunta: qué hace el hombre cuando el mundo que lo rodea deja de responderle.

Satyajit Ray le enseña a la película a mirar sin juzgar. Andrei Tarkovsky le enseña el peso del tiempo y la dignidad del silencio. Ingmar Bergman le enseña que la fe no es un consuelo sino una herida que algunos hombres se infligen voluntariamente porque sin ella la vida sería insoportable de otra manera.

Satyajit Ray

Pather Panchali, 1955 · Apur Sansar, 1959

16 fotogramas de referencia

Lo que Satyajit Ray hace en Pather Panchali no tiene nombre exacto en el vocabulario del cine occidental. No es realismo porque no aspira a documentar, y no es poesía porque nunca abandona el suelo. Es observación pura: la cámara detiene su mirada sobre la hierba mojada, sobre el perfil de una mujer que recoge ropa antes de que llueva, sobre los pies descalzos de un niño en tierra seca, y en ese gesto de atención sostenida produce algo que ningún argumento podría producir. La vida misma, sorprendida en el acto de existir.

El Prado Negro hereda de Ray esta disposición fundamental: la confianza en que el mundo visible, mirado con paciencia y sin ornamento, contiene ya todo lo que la historia necesita decir. El llano venezolano no necesita ser poetizado. Basta con que la cámara lo mire de verdad.

Andrei Tarkovsky

El espejo · Stalker · Sacrificio

21 fotogramas de referencia

En Esculpir en el tiempo, Tarkovsky escribe que el cine posee una característica que lo distingue radicalmente de todas las otras artes: su capacidad de fijar el tiempo, de sellarlo en imágenes que conservan su flujo tal como el ámbar conserva los insectos de la prehistoria. Para él, un director no narra una historia sino que esculpe bloques de tiempo, dándoles forma hasta revelar lo que estaba contenido en ellos. La imagen cinematográfica es, en su visión, un detector de lo absoluto: a través de lo finito se hace presente lo infinito, a través de la materia se intuye lo espiritual.

Esta comprensión del cine como acto espiritual antes que narrativo es la que gravita sobre El Prado Negro. En la película, la sequía del llano no es una condición meteorológica sino un estado del alma. El viento que sacude las velas del altar doméstico de María no es el viento de la naturaleza sino el de la pregunta sin respuesta que Rubén le hace a Dios en medio del platanal. Tarkovsky creía que el paisaje elegido debe estar cargado de las memorias y asociaciones del autor para que el espectador lo reciba con esa misma excitación particular. En El Prado Negro, ese paisaje es la llanura venezolana, y esa excitación es el hambre.

Ingmar Bergman

Luz de Invierno · Persona · La Hora del Lobo

13 fotogramas de referencia

En Luz de Invierno, el pastor Tomas Ericsson oficia una misa en una iglesia casi vacía mientras su fe se desmorona en tiempo real. Lo aterrador de Bergman no es la ausencia de Dios sino la incapacidad del hombre para vivir sin él. Sus personajes no son ateos ni creyentes: son seres que necesitan creer y no pueden, o que creen y encuentran en esa creencia no el alivio sino una nueva forma de tormento. En La Hora del Lobo, el artista Johan Borg se consume en la certeza de que lo sagrado existe pero que a él no le está destinado. En Persona, el silencio mismo se convierte en una forma de violencia.

Rubén, el padre de El Prado Negro, pertenece a esa genealogía. Cuando se arrodilla en el tendedero y llora dirigiéndose a un Dios que no responde, no está rechazando la fe sino sometiéndose a ella de la única manera que le queda: con la honestidad del que sabe que no recibirá respuesta y que rezará de todas formas. Bergman sabía que esa posición, la del creyente que ya no cree del todo pero que sigue orando, era la más dramáticamente honesta que un personaje podía ocupar.

50 fotogramas · 6 películas · 3 directores Material de referencia, citado con atribución Pulsa un fotograma para ampliarlo

Guión — ocho escenas

Si los poemas todos se perdiesen
el fuego seguiría nombrándolos sin fin
limpios de toda escoria,
y la eterna poesía
volvería bramando, otra vez, con las albas.

Fina García Marruz

Escena 01Ext. LlanoDía

Un pequeño radio viejo reproduce Regálame esta noche. Rubén baila la canción con María. Ella está embarazada. El llano se extiende, silencioso, hasta donde la vista alcanza. Sonríen mientras bailan.

María

Vas a tener que enseñarle a bailar.

Rubén

(risas)

Será un gran bailarín.

El perro de la casa los observa desde la distancia, acostado.

Escena 02Int. Casa de RubénDía

Un pequeño altar improvisado, lleno de estampas e imágenes religiosas. Velas encendidas. María está arrodillada, rezando en voz baja por tener un parto exitoso. De repente, las cortinas se sacuden por el viento. Las velas se apagan.

María detiene la oración. Se levanta. Enciende de nuevo las velas.

Escena 03Ext. PlatanalDía

Rubén y Johan cabalgan juntos por el enorme platanal deteriorado. Todo está seco. Rubén ve hacia el cielo.

Rubén

Todo está tan seco. Dios mío. ¡Oh, Dios mío! Rey de todos los cielos, de todo lo que existe y de lo que no existe. ¿Por qué nos has abandonado? Apenas podemos comer.

(se voltea a ver a Johan, luego de secarse las lágrimas)

Algún día serás tú quien cabalgue estas tierras, y quien are este suelo. Pero debes saber, hijo mío, que si no tienes fe, la fe que calienta el mundo, nada crecerá y se quemará todo.

Siguen caminando. Johan, mientras camina, va rezando un padre nuestro. Se topan con una mata de plátano que sí tiene plátanos. Ambos se miran y se sonríen.

Rubén

Alabado sea el señor, hijo. ¿Cómo no me había dado cuenta de esta mata? ¡Qué milagro!

Escena 04Int. Casa de RubénDía

María lava los platos mientras espera el regreso de Johan. El piso es de tierra. De manera súbita, empieza a tambalearse. Sus manos están borrosas. Cae al piso, desmayada. El perro de la casa empieza a ladrar.

Escena 05Ext. LlanoDía

Johan galopa por la extensa llanura. En medio del recorrido, se topa cara a cara con la enorme anaconda. Desenvaina su machete, se baja del caballo. Luego de un pequeño forcejeo, Johan logra asestar el golpe final, quitándole la vida al animal.

Rubén

¿Qué has hecho, hijo mío? ¿Qué no sabes que esos animales han sido sagrados desde siempre?

Johan

Mamá necesita comida de verdad, papá.

Rubén mira a Johan fijamente y a la anaconda que yace muerta en el suelo. La familia tiene dos días que no come algo nutritivo.

Escena 06Int. Cuarto de RubénAmanecer

Al amanecer, Rubén abre los ojos y se encuentra con que María, su amada esposa, no responde. Hay un rayo de luz que entra por la ventana de la habitación y que alumbra directamente hacia ella.

Rubén

María, despierta. ¿Cómo te sientes?

María no responde. María ha muerto.

Escena 07Ext. Afueras de Casa de RubénDía

Un grupo de aldeanos vecinos, junto con Rubén, llevan el cuerpo de María en un ataúd improvisado. Todos van vestidos de blanco. Algunos de ellos van descalzos. Johan saca de su bolsillo una flor idéntica a la que había recogido un par de días atrás y la arroja hacia la fosa. Rubén abraza a Johan mientras observan.

Escena 08Ext. LlanoDía · Cinco años después

Johan anda en su bicicleta por la llanura en dirección a la tumba de María. Para su sorpresa, en donde estaba la tumba de su madre, ahora hay un árbol de mango en crecimiento. Sorprendido por el hallazgo, se baja de su bicicleta, y empieza a caminar hacia el árbol. Cuando llega, se arrodilla y empieza a rezar.

Dedicado a la memoria de
Margarita Márquez Enríquez

Fin

Guión completo disponible bajo petición  ·  fed.rodz12@gmail.com

Ficha técnica

Un equipo pequeño, un guión terminado y una llanura por filmar. La producción está abierta: el proyecto busca financiamiento y colaboradores.

Rollo 01 · El Prado NegroEn desarrollo

Escrito por
Federico Rodríguez Márquez
Dirección
Federico Rodríguez Márquez y Alejandro Pietri
Fotografía
Diego Romero, Federico Rodríguez Márquez y Alejandro Pietri
Producción
Por confirmar
Género
Drama poético
País
Venezuela

Contacto

Para consultas sobre el proyecto, colaboraciones, proyecciones o solicitudes de guión completo, no dude en comunicarse directamente con el equipo.